José Manuel Naredo

José Manuel Naredo, artigo en Wikipedia

  • Naredo, J. M. (2003) La Economía en evolución: historia y perspectivas de las categorías básicas del pensamiento económico. Madrid: Siglo XXI de España (3ª ed.).
"Los logros 'productivos' de la actual civilización industrial se asientan sobre la destrucción de unos stocks limitados de combustibles fósiles y minerales, con los consecuentes problemas de agotamiento de reservas y degradación de los ecosistemas que mantienen la vida en el planeta."
"La ciencia económica estableció una visión autónoma del sistema económico, manteniendo la hipótesis de que los recursos naturales eran inagotables o, al menos, la creencia en una tecnología tan omnipresente que se suponía capaz de asegurar siempre una sustitución tan perfecta que no hiciera económicamente lamentable el agotamiento de ningún recurso."
"La riqueza del mundo industrial de hoy se construyó sobre la degradación del stock de recursos del mundo pre-industrial, creando unos patrones de vida insostenibles e inaplicables a escala planetaria."

"En los últimos años más que replantear se ha tratado de reanimar el capitalismo financiero imperante, permaneciendo indiscutidas las bases del sistema monetario internacional que alimentó la crisis y los problemas posteriores, como es el trepidante auge de los precios de las materias primas que ahora amenaza la pretendida recuperación. Indiscutiblemente el crecimiento de los agregados monetarios ha creado adicción en los países, aunque cada vez tenga menos que ver con la calidad de vida de la gente. Y todos los gobiernos del G-20, encabezados por el de Estados Unidos, quieren forzar ese crecimiento con numerosos estímulos poco ortodoxos, como es el de convertir deuda privada en deuda pública y hacer que los bancos centrales emitan dinero para comprar esta última. El resultado de todo esto es un enorme aumento de liquidez que las empresas emplean en prácticas especulativas, ya que la atonía de la demanda apenas les exige ampliar sus instalaciones. Ante la incertidumbre que hoy generan las inversiones bursátiles e inmobiliarias, una parte importante de esta liquidez se invierte en materias primas y sus derivados financieros, elevando espectacularmente sus cotizaciones.
Todo esto se debe a que los estados emiten moneda sin respaldo ni consenso internacional alguno, ya que el actual sistema no tiene ninguna referencia monetaria universal, como en su día lo fue el oro. Las inversiones especulativas en materias primas se cortarían de raíz estableciendo un sistema monetario internacional que vinculara la (o las) moneda(s), no sólo al oro, sino a una cesta de materias primas, como propusieron Hart, Kaldor y Tinbergen en 1964 y como defendió políticamente Mendès-France. Pese a la actualidad de esta propuesta, nadie habla de ella. No en vano la moneda es la bisagra que une la economía con el poder y esta propuesta desplazaría la hegemonía financiera de EEUU hacia los países exportadores de materias primas. La ironía del destino hace que no sea el sistema monetario internacional el que se apoye en los stocks de materias primas negociados en instituciones tan asentadas como el London Metal Exchange, sino el sinnúmero de productos financieros asociados a ellos, que está hoy en el punto de mira de los inversores."

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